¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?

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 TEXTO BIBLICO: “El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?  Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9.6)

INTRODUCCION

                Ilustración, “El poder que transformó a un minero”. Hace algunos años, un joven que vivía en un pequeño pueblo minero era muy borracho.  Una noche un ministro fue a predicar a su pueblo, y este joven, aunque estaba ebrio, asistió al culto.  Tenía temor de que los directores le dijeran que se fuera, pero nadie lo trató mal y se quedó a todo el culto y escuchó el sermón.  Como los cultos continuaron durante algunos días, el minero siguió asistiendo, y por fin un día él y toda su familia hicieron profesión de fe. Inmediatamente dejó de beber, y se notó el cambio que se había efectuado en su vida. Al poco tiempo el minero dijo que deseaba ayudar para que se organizara una iglesia en el pueblecito.  Empezó a hablar de su Salvador a todos, visitó a todas las familias de la localidad hablándoles de las buenas nuevas de salvación.  Algunas veces lo recibían bien, otras le daban con las puertas en la cara; pero él no se desanimaba, y Dios bendijo su ministerio.

    

 

            En la actualidad  hay una iglesia organizada en aquel pueblecito minero, solamente porque un hombre que entregó su corazón al Señor estuvo dispuesto a dar testimonio de lo que Dios había hecho por él.

¿Cuántas iglesias han sido levantadas en tu ciudad, barrio, etc. Como resultado de tu trabajo por el amor a Cristo?

               

CAMINO A DAMASCO

                Saulo era un hombre que creía que estaba haciendo bien en perseguir a este grupo de seguidores de Cristo. Creyó que estaba ayudando a Dios. Pero, no sabía que estaba haciendo lo contrario. Pensaba estar del lado de Dios y estaba al lado de Satanás.

                En hechos 9:1-2, encontramos parte de lo que Saulo estaba haciendo, “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén”.

                Saulo era un agente de muerte. Por lo tanto, los arrestos y las matanzas de los cristianos, eran, hablando figuradamente, el aire que respiraba Saulo. 

                Así como se estaba extendiendo la obra de Dios más allá de la ciudad de Jerusalén, así también se estaba extendiendo la obra maligna de Satanás a través de Saulo.

 

                En Saulo se había profundizado un celo perseguidor y este se había intensificado.  Estaba dispuesto a llegar a cualquier extremo para arrancar de raíz la odiada enseñanza. Por lo cual, su propósito era ahora llegar hasta damasco y tomar prisionero a todo hombre o mujer seguidor de Jesús y llevarlo a Jerusalén.

                En hechos 26.10 Pablo confesó, “…Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto”. El celo manifestado durante la muerte de Esteban hizo que Saulo fuera elegido miembro del sanedrín, e inmediatamente fue investido de autoridad por los principales sacerdotes para buscar con afán a los cristianos en Jerusalén.  Cuando se supo en Jerusalén que se habían admitido samaritanos en la iglesia, el odio de los judíos indudablemente se intensificó.

 

 

POSTRADO EN TIERRA

                En Hechos 9.3-5, dice: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor?  Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.”

                                En Hechos 22:6; 26:13, se dice que la visión tuvo lugar al mediodía.  Pero, no importa cuán brillante fuera la luz del sol del mediodía, Pablo dijo que la luz que vio del cielo "sobrepasaba el resplandor del sol" (Hechos 26:13). 

                En medio de ese fulgor vio tan claramente al Cristo glorificado, que después se incluyó entre los que habían tenido el privilegio de contemplar al Señor después de su resurrección (ver Hech. 9: 17; 1 Cor. 9: 1; 15).

                Saulo oyó y comprendió la voz del que le hablaba. Mientras que los que le acompañaban oyeron su sonido, pero no entendieron lo que se dijo.

                Entonces Dios pregunta al perseguidor, ¿Por qué me persigues? Cristo le hace una pregunta penetrante al perseguidor. Esto sacudió la base de su conducta, y demostró que no conocía al que tan implacablemente perseguía. Cristo -nótese- se identifica de tal modo con sus discípulos, que los sufrimientos de éstos se convierten en los de él. El Señor considera que lo que les hacen a sus discípulos es como si se lo hicieran a él (Mat. 10: 40).

                La respuesta del cielo fue “Yo soy Jesús.”

                Jesús de Nazaret es el nombre que usaron despectivamente los acusadores de Esteban en hechos 6: 14. Era el mismo nombre que Saulo había estado obligando a los discípulos a repudiar (ver Hechos 26: 11)

El perseguidor Pablo se rinde.  La comprensión de que Jesús era el Cristo señaló el momento de la conversión de Saulo y el fin de su furia perseguidora. Se vio obligado a reconocer lo que su maestro Gamaliel ya había sugerido (ver Hechos 5: 39), que era inútil luchar “contra Dios”.

¿QUE QUIERES QUE YO HAGA?

                En hechos 9.6, dice: “El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?  Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” 

                El ¿qué quieres que yo haga? de Hechos 9.6 aparece también en Hechos 22.10 como “¿Qué haré, Señor?” Esta es precisamente la pregunta que los seres humanos deben hacerse.

                La respuesta de Dios no se hizo esperar, “levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”

  1. Lo primero que Jesús le pide es que se levante, ya que Saulo aún permanecía en tierra en donde había caído.
  2. Segundo, le pide que entre en la ciudad.
  3. Tercero, se le menciona que en la ciudad se le dirá lo que debe hacer.

                En Hechos 9. 8-9 dice que “Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”

                Saulo había quedado ciego por la deslumbrante gloria de la luz celestial. Su ceguera probaba que lo que había visto no era una alucinación.  Ahora debía aceptar su ceguera por un tiempo, hasta que la luz interior y también la exterior, volvieran a iluminarlo.

                El conflicto en el alma de Saulo debe haber sido terrible, y fue necesario que transcurrieran los tres días hasta que disfrutara de paz.  El Espíritu de Dios utilizó esos tres días de ceguera para iluminar la mente del afectado.  En la tranquila oscuridad Saulo pudo recordar las profecías mesiánicas, pudo aplicarlas a Jesús de Nazaret y examinar su propio pasado teniendo en cuenta sus nuevas convicciones. ¡Cuán grande debe haber sido su angustia, cuán fervientes sus plegarias en procura de perdón; cuán dulce la dádiva del perdón de Cristo!

                El relato nos dice que no comió ni bebió. Este ayuno no fue sólo un acto de arrepentimiento.  Por un tiempo la angustia mental fue mayor que el apetito normal.  Los tres días de ceguera fueron un período de introspección y arrepentimiento.

                Elena de White escribió “La Palabra de Dios ha servido como un poderoso hendedor para separar a los hijos de Dios de los del mundo.  Al ser sacados de la cantera del mundo, son como piedras toscas, no preparadas para un lugar en el glorioso templo de Dios.  Pero son llevadas al taller del Señor para ser cinceladas, esquinadas y pulidas, para que puedan convertirse en piedras preciosas aceptables.  Esta obra de preparación para el templo celestial se lleva a cabo continuamente durante el tiempo de gracia.  Naturalmente estamos inclinados a seguir nuestra propia voluntad, pero cuando la gracia transformadora de Cristo se posesiona de nuestro corazón, la pregunta de nuestra alma es:"Señor, ¿qué quieres que yo haga?"   (Hech. 9: 6). Cuando el Espíritu de Dios obra” (A fin de conocerle)

               

UN HOMBRE LLAMADO ANANIAS

                Hechos 9.10-17, dice: “Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías.  Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”

                En Hechos 22:12, Pablo describe a Ananías como un "varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que... moraban" en Damasco. 

                Este hombre, fue preparado mediante una visión para visitar a Saulo, y también Saulo fue preparado del mismo modo para recibir la visita de Ananías. A lo cual, responde con un “El Heme aquí, Señor”. Esta expresión expresaba la prontitud de Ananías para llevar a cabo las instrucciones del Señor.

                La indicación de Dios, era que este hombre se encontraba orando. Aquí se nota el contraste entre las amenazas y la muerte que respiraba el perseguidor al acercarse a Damasco, y el espíritu de oración del humilde arrepentimiento que ahora lo embargaba.  Las oraciones de Saulo incluirían la súplica de perdón por su pasado, y luz y sabiduría para el futuro, fuerza para la obra a la cual se lo llamaba, e intercesión en favor de aquellos a quienes había estado persiguiendo.

                “Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9.17)

                En esta acción de colocar sus manos sobre Saulo tiene un doble propósito: (1) sanar, y (2) conceder el Espíritu Santo.

                Elena de White escribió: “La luz admirable dada a Pablo en esta ocasión le asombró y confundió.  Estaba completamente subyugado.  Esa parte de la obra no podía hacerla algún hombre en favor de Pablo; pero quedaba todavía una obra que cumplir que los siervos de Cristo podían hacer. Jesús le indica a Pablo que recurra a sus agentes de la iglesia para conocer mejor su deber.  Así autoriza y sanciona su iglesia organizada. Cristo había hecho la obra de la revelación y convicción, y ahora Pablo estaba en condición de aprender de aquellos a quienes Dios había ordenado que enseñasen la verdad. Cristo envió a Pablo a sus siervos escogidos, y en esta forma le puso en relación con su iglesia.” (Conflicto y Valor)

 

EL BAUTISMO Y LA PREDICACION

                Hechos 9.8-9, dice: “Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió

                Hechos 9.18-19, dice: “Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas.  Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco

                El relato posterior más completo (cap. 22: 16) muestra que Ananías exhortó a Saulo a que participara del rito. Es claro que se consideraba que el bautismo era una condición necesaria para la admisión en la iglesia. Ninguna visión ni revelación del Señor, ninguna convicción personal por intensa que fuera, podía eximir a Saulo de ser bautizado.

                Elena de White escribió: “Pablo fue bautizado por Ananías en el rio que pasa cerca de Damasco” (La historia de la redención, ver HAp. 99-100).

                Así como predicó y su predicación tuvo frutos. Inmediatamente siguió presentando el mensaje que ahora entendía y que tanto daño había hecho.

                Si Saulo una vez estuvo engañado, ahora, él no podía permitir que otras personas también lo estuvieran. En Hechos 9.20 se nos dice, “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.”

                Este era el nuevo Saulo. El que iba a Damasco con cartas de muerte, ahora es el Saulo que sale desde Damasco como un portador de cartas de vida para vida eterna.

                Este hombre que era fiel a sus convicciones no tardó en permitir que los cambios que eran necesarios hacerse en su vida para comprender la verdad se hicieran prontamente.

                La curación de Cristo a Saulo fue “al instante”, y Saulo como agradecido por ese amor de Cristo comenzó a presentar su testimonio “en seguida”, y en las sinagogas.

                Saulo fue a las sinagogas como lo había hecho Jesús, pues eran los lugares más apropiados para que se reuniera la gente a escuchar su proclamación evangélica. Como observador del sábado, iba a la sinagoga el sábado; como apóstol, proclamaba allí el Evangelio.  En vez de entregar a los dirigentes de las sinagogas las cartas que había recibido de los jefes de Jerusalén (Hechos 9: 2), les proclamaba el Evangelio que había recibido de una autoridad muy superior a la de los principales sacerdotes.

                Lo que Pablo proclamaba era (1) que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios, y (2) que se había demostrado que Jesús de Nazaret era el Cristo.

 

CONCLUSION

                Apreciado hermano(a), ¿Qué obra es la que tú estás haciendo? ¿Edificas o destruyes?

                Dios quiere que edifiques. Saulo lo entendió. Y permitió los cambios que eran necesarios en su vida. Y después de haber subido del agua, en los momentos de su bautismo. Comenzó a testificar inmediatamente.

                Tú también te bautizaste como Saulo se bautizó. ¿Qué hace la diferencia entre Saulo y tú entonces?

 

LLAMADO

                En esta ocasión, te invito a que mires al cielo y le digas: Señor, ¿qué quieres que yo haga?  El te dirá: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”. ¿Quieres aceptar este cometido de Cristo?

 

 

PR. JOSE LUIS OJEDA CERECEDA

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