NO PODEMOS DEJAR DE DECIR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO

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TEXTO BIBLICOS: “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” Hechos 4.19-20 

 

INTRODUCCION

                Ilustración, “Una mujer china que acababa de aprender a leer, oró diciendo "Señor, vamos a trabajar entre muchas personas que no saben leer, Señor, haz que nuestras vidas sean Biblias abiertas, para que aquellos que no pueden leer el Libro, puedan leerlo en nosotras”.

                ¿Qué debe leer la gente en nosotros?

                ¿De qué hemos aprendido a leer nosotros? ¿De las filosofías, credos, pensamientos del mundo?

                ¿De qué hablan nuestros labios? ¿Será que lo que sale de nuestros labios es de lo que hay dentro de nosotros?

 

 

HABLANDO ELLOS AL PUEBLO

                Hechos 4.1-2 dice: “Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.”

                En ese tiempo y constantemente después, las actividades de los apóstoles preocupaban profunda y desagradablemente a las autoridades judías.  Y estas autoridades habían encontrado a dos de los principales portavoces de los cristianos que estaban enseñando públicamente en los mismos portales del templo. ¿Quiénes eran estos hombres? Estos eran los apóstoles Pedro y Juan.

                Mientras ellos exhortaban al pueblo, tres grupos de líderes judíos se acercaron a ellos para apresarlos. Entre estos estaban:

  1. Sacerdotes, estos eran los que se ocupaban de los servicios del templo y naturalmente fueron los primeros en sentirse molestos por causa de las multitudes que, atónitas, habían presenciado la curación del cojo, registrada en hechos, capítulo 3.
  2. Jefe de la guardia del templo, era el, “prefecto de los sacerdotes”.  Ocupaba el cargo de ayudante del sumo sacerdote, con quien cooperaba en sus funciones oficiales, y era el responsable de los servicios del templo y de mantener el orden en toda el área del templo.
  3. Saduceos, eran los que enseñaban que “no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu”.  Cuando Jesús y sus apóstoles enseñaban la doctrina de la resurrección y de la vida futura, los saduceos se les oponían, según se registra aquí y en Mat. 22: 23-33.

 

                Cuando estos tres grupos encontraron a los discípulos predicando la enseñanza de la resurrección, los saduceos reaccionaron como lo habían hecho ante el mismo Jesús, y se convirtieron en perseguidores de la iglesia.

               

Estos grupos de personas estaban resentidas por dos causas:

  1. La primera, porque los discípulos de Jesús predicaban sin preparación ni autorización para hacerlo. La objeción era, son "hombres sin letras y del vulgo" (vers. 13). Por lo tanto, ellos creían que no estaban capacitados para enseñar al pueblo.
  2. La segunda, porque los apóstoles predicaban la doctrina de la resurrección “en Jesús”, es decir, enseñaban que esta resurrección era una prueba irrefutable de la resurrección general de los muertos, doctrina que los saduceos rechazaban

 

                La predicación de los discípulos llevó a esta gente a colocar a Pedro y Juan en la cárcel: el texto dice: “Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde” (Hechos 4:3)

                La cárcel no aplacó los frutos del testimonio de Pedro y Juan. De hecho, a pesar de las barreras y obstáculos que Satanás pueda colocar para que el evangelio no pueda ser predicado, los resultados muestran lo contrario. ¡¡A mayor obstáculo más avanza la obra!! Así ocurrió cuando los siervos de Dios fueron apresados. Hechos 4.4 dice: “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”

                Los nuevos creyentes no se acobardaron por causa del arresto de los apóstoles. Sino que “muchos… creyeron” (Hechos 4:4)

                Creyeron en Jesús, a quien Pedro había presentado como el profeta acerca del cual Moisés había escrito.  Todo el que creyó se convirtió en parte de la creciente hueste de conversos que se incorporaban a la iglesia.

                Cinco mil personas llegaron a entregar sus vidas a Jesús.

 

ENJUICIADOS POR HABLAR DE JESUS

                En Hechos 4.5 dice: “Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas”

                ¿Quiénes eran estos gobernantes? Posiblemente eran los “sacerdotes” y al “jefe de la guardia del templo”.

                ¿Quiénes eran los Ancianos? Eran los que representaban el elemento laico del sanedrín, en contraste con los escribas y los sacerdotes.

                ¿Quiénes eran los Escribas? Eran los juristas profesionales y eran reconocidos como los intérpretes de la ley.

 

               

El Testimonio de Pedro ante las adversidades en su vida.

                Pocas semanas antes, Pedro había temblado ante los siervos y los soldados en el patio de la casa del sumo sacerdote, y había negado a su Señor; pero desde entonces había recibido el Espíritu de Dios que lo había “mudado en otro hombre”. En pie delante del más alto tribunal de los judíos, habla, ciertamente en forma respetuosa, pero con firme valor. Con amargo llanto Pedro se había arrepentido de haber negado a su Señor (ver Luc. 22: 54-62).

                Una evidencia del verdadero arrepentimiento es buscar cómo reparar el mal producido por una falta de la cual uno se ha arrepentido.  Pedro había deshonrado a su Maestro y a su causa en presencia de los judíos.  Ahora, en la misma ciudad, en presencia de las mismas personas que habían participado en la condenación de Jesús, Pedro dio gozoso su testimonio de la misión divina del Salvador a quien una vez había negado.  Aquí demostró la validez de su posterior amonestación: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (ver 1 Pedro 3: 15).

                Leamos Hechos 4.13, dice: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”

                Los dirigentes judíos, comprendieron que a pesar de la falta de preparación académica, el modo de hablar de Pedro era el mismo de Jesús.  No sólo su poder para sanar, sino también su mensaje y la manera de su presentación derivaban de Cristo. 

                Para el sanedrín tuvo que haber sido como si Jesús estuviera de nuevo vivo ante sus ojos en la persona de sus dos discípulos.  ¡Así debería ocurrir siempre con todos los que verdaderamente siguen a Cristo!  Para el cristiano que habla en representación de su Maestro, el mayor poder y la más grande convicción provienen que haya estado con Jesús en oración, en meditación y en compañerismo en todas las actividades de la vida.  Esta clase de comunión con el divino Señor proporciona un privilegio inestimable, un poder transformador y una seria responsabilidad para el servicio de Cristo.

                Leamos nuestro texto base, en Hechos 4.19-20 “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a nosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”

                Aquí se sugiere un principio importante.  Estas palabras introducen una afirmación del derecho de conciencia para desobedecer a la autoridad humana cuando ésta se opone a la autoridad divina.

                Cuando haya una disputa con la autoridad civil, el que tiene convicciones religiosas debe aceptar la responsabilidad de probar que sus convicciones se basan en la autoridad divina.  Si desea que su caso pueda triunfar, debe convencer a sus oyentes de que sus convicciones son correctas.  Pedro y Juan sabían que tenían la autoridad del Espíritu Santo, ya demostrada en milagros y conversiones.  Tenían la convicción permanente de la verdad, y la demostraban en su predicación y en sus resultados.  En esa situación no podían consentir en obedecer a los hombres antes que a Dios, “¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5: 29).  Los apóstoles habían recibido de Cristo la orden de predicar.

                Cuando un hombre tiene que elegir entre su honrada convicción acerca de la voluntad de Dios para con él y las leyes de los hombres, sólo debe seguir lo que cree que es la voluntad de Dios.  Si intenta servir a dos señores no podrá satisfacer a ninguno de los dos, y venderá su alma por intentar beneficiarse personalmente.  Pero si siempre reconoce que Dios tiene derecho a pedirle su completa lealtad, nadie podrá llamarlo deshonesto, y su alma estará a salvo.

 

               

HEMOS VISTO Y OÍDO.

                En hechos 4. 20 dice: “porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”

                En el griego dice: “no podemos nosotros”, lo que da énfasis al pronombre.  Como apóstoles de Jesús, Pedro y Juan habían recibido la misión especial de dar testimonio de él (ver Mat. 28: 19-20; Hech. 1: 8).

                El testimonio de los apóstoles se basaba en sus experiencias personales, las cuales habían disfrutado con Jesús.  Muchos años después, tanto Pedro como Juan destacaron en sus epístolas la importancia de haber sido testigos oculares de las verdades que enseñaban (ver  2 Pedro 1: 16-18; 1 Juan 1: 1-3).  La experiencia íntima de la presencia de Cristo en la vida del cristiano constituye una de las evidencias más convincentes de la realidad práctica de la verdad cristiana.

                En Juan 1.1, se dice: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo hemos contemplado y lo palparon nuestras manos, acerca del Verbo de la vida”

                En Juan 1.3 se escribe: “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos también a vosotros, para que tengáis comunión con nosotros". Pues, nuestra comunión es real con el Padre y con su Hijo Jesucristo”

                Y en 1 Juan 1.3 se lee: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”

                Elena de White, escribió: “El principio que los discípulos sostuvieron valientemente cuando, en respuesta a la orden de no hablar más en el nombre de Jesús, declararon: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios", es el mismo que los adherentes del Evangelio lucharon por mantener en los días de la Reforma. . . En nuestros días debemos sostener firmemente este principio.  El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto, confiado a nuestras manos… Hemos de reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera.  Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres.  La Palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda otra legislación humana. Un ‘Así dice Jehová" no ha de ser puesto a un lado por un "Así dice la iglesia" o un "Así dice el estado’.  La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales (Los Hechos de los Apóstoles, Págs. 51, 55, 56)

 

CONCLUSION

                Elena escribió: “Como testigos de Cristo, debemos decir lo que sabemos, lo que nosotros mismos hemos visto, oído y palpado.  Si hemos estado siguiendo a Jesús paso a paso, tendremos algo oportuno que decir acerca de la manera en que nos ha conducido.  Podemos explicar cómo hemos probado su promesa y la hemos hallado veraz.  Podemos dar testimonio de lo que hemos conocido acerca de la gracia de Cristo.  Este es el testimonio que nuestro Señor pide y por falta del cual el mundo perece” (DTG 307)

                Los discípulos de Cristo habían estado con Jesús durante varios años; sabían cómo enseñaba y cómo trabajaba. Podían decir a otros lo que habían visto y oído. Nunca vacilaron en afirmar que eran testigos de Cristo. Tenían un gran relato que referir, y nunca se cansaban de contarlo.

                Nosotros como creyentes en un Salvador resucitado, hoy también tenemos el privilegio de dar testimonio de lo que hemos visto y oído acerca del camino de la salvación en Cristo Jesús.

 

 

LLAMADO

                ¿Quieres tú también ser un testimonio viviente de Jesús? Levanta tu mano derecha como testimonio público que así lo deseas. Amén. Vamos a orar por tu decisión de compromiso. (Haga una oración por el testimonio que cada uno de nosotros da y va a dar en su vida)

 

 

PR. JOSE LUIS OJEDA CERECEDA

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