ME SEREIS TESTIGOS EN…

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TEXTO BIBLICO: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.8)

 INTRODUCCION

Ilustración, (diálogo entre un pastor y un joven recién convertido).  Un pastor se encontró con una persona que recién se había convertido al evangelio, a quien le preguntó: Joven, ¿es cierto que hace apenas tres meses que conoce al Señor? --Sí, felizmente es cierto. ¿Y cuántas almas ha ganado para Jesús? –le preguntó el pastor. ¡Oh! –Exclamó el recién convertido, pero si apenas estoy aprendiendo, y hasta ayer pude conseguir un Nuevo Testamento completo. ¿Usa usted velas en su casa? Sí señor. ¿Y espera usted hasta que la vela se haya consumido hasta la mitad para que empiece a alumbrar? El joven convertido comprendió la lección y empezó a trabajar.  Y antes de seis meses ya se habían convertido por él, algunos amigos y vecinos. Y usted hermano(A) ¿Cuánto tiempo cree que se necesita para poder alumbrar a otros de los milagros que Dios ha hecho en su vida y en las de sus seres amados?

NO SE VAYAN DE JERUSALÉN.

                Cuando nuestro Señor Jesucristo reunió a sus discípulos en el monte de los Olivos para que contemplasen su ascensión, también les ordenó que permanecieran en Jerusalén hasta que recibieran el cumplimiento de la promesa del envío del Espíritu Santo. Con cuyo poder deberían testificar de él hasta lo más apartado de la tierra.

                En esta comisión dada a los primeros discípulos, también se hallaban incluidos los creyentes de todas las edades.  Toda persona que acepte el Evangelio, recibe una verdad sagrada para impartirla a otros en el mundo. 

                El pueblo fiel de Dios fue siempre constituido por misioneros activos, que consagraban sus recursos al honor de su nombre y usaban sabiamente sus talentos en su servicio.

                Elena de White escribió: “Los miembros de la iglesia de Dios deben ser celosos de buenas obras, renunciar a las ambiciones mundanales, y caminar en los pasos de Aquel que anduvo haciendo bienes.  Con corazones llenos de simpatía y compasión, han de ministrar a los que necesitan ayuda, y comunicar a los pecadores el conocimiento del amor del Salvador.  Semejante trabajo requiere empeñoso esfuerzo, pero produce una rica recompensa.  Los que se dedican a él con sinceridad de propósito verán almas ganadas para el Salvador. . .” (¡Maranata, El Señor viene!) 

               

                Busquemos y leamos Hechos 1.4, “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí”

                Los discípulos de Cristo debían regresar a Jerusalén, lugar donde tantas veces el Salvador había ministrado, y donde finalmente sufrió, murió, fue sepultado y resucitó.  Allí sus discípulos serían investidos de poder y desde ese lugar debían comenzar a contar su testimonio.

                La tarea que aguardaba a los discípulos no podía llevarse a cabo empleando sólo instrumentos, porque esta obra es esencialmente divina. Por eso, ellos debían esperar que ocurriesen algunas cosas:

1° Debían esperar hasta el momento designado. Ser llenos del espíritu Santo

2° Debían esperar en el lugar designado, o sea Jerusalén. El cual era el lugar de mayor peligro, pero a la vez de mayores oportunidades. 

Los discípulos debían esperar y no irse a pescar, como lo habían hecho Pedro y algunos otros poco antes (ver Juan 21: 3). 

Debía haber (1°) una expectativa reverente del gran poder de Dios; (2°) un profundo anhelo de recibir ese poder y de estar preparados para recibirlo; y (3°) una oración ferviente y unánime para que Dios cumpliera su promesa.

                En Hechos 1.12, se nos dice “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar,…” Los discípulos habían cumplido.  Se habían reunido en Jerusalén, en obediencia a la voluntad del Señor y por acuerdo mutuo.

                Nuestro Señor Jesucristo, en sus últimas palabras a los discípulos tuvo el propósito de impresionarlos con el pensamiento de que a ellos se les había confiado en custodia el mensaje del Cielo para el mundo.

                Dios anhela impresionar también su vida, mi apreciado amigo y amiga, para que comprenda que también es custodio de este hermoso mensaje de esperanza. ¿Qué está haciendo para que esto sea una realidad? ¿Qué dice en sus diálogos con otras personas? ¿trivialidades? ¿problemas? ¿desastres? ¿necesidades? ¿Qué el mundo no tiene solución? ¿política? ¡No habrá que hablar más de Jesús! ¡hablar de lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas!

                Dios invita a los recién bautizados, con las siguientes palabras “Es esencial que los que acaban de aceptar la fe tengan un sentido de su obligación hacia Dios, que los ha llamado a conocer la verdad, y ha llenado sus corazones con su sagrada paz, para que puedan ejercer una influencia santificadora sobre todos aquellos con quienes se relacionan.  ‘Vosotros sois mis testigos, dice Jehová’ (Isa. 43: 10). A cada cual Dios le ha confiado una tarea: Dar a conocer su salvación al mundo” (Elena de White, Cada día con Dios)

                Por lo tanto, seas antiguo o nuevo en la Iglesia Adventista del Séptimo día, la pregunta que hay que hacerse es ¿Cuál es mi tarea? Y clarifico que no es una pregunta sobre la tarea de sus hermanos y hermanas de iglesia, ni del pastor o de los dirigentes de su iglesia, sino que es una pregunta suya, personal, ¿Cuál es su tarea?

 

RECIBIRÉIS PODER DEL ESPÍRITU SANTO

                Hechos 1.8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

                En obediencia a la palabra de su Maestro, los discípulos volvieron a Jerusalén y durante diez días oraron por el cumplimiento de la promesa de Dios.  Esos diez días fueron de profundo escudriñamiento del corazón.  Los discípulos eliminaron todas las diferencias que habían existido entre ellos y se unieron en compañerismo cristiano. Al fin de los diez días el Señor cumplió su promesa mediante un extraordinario derramamiento de su Espíritu.  Cuando estuvieron “todos unánimes juntos” (ver Hechos 2:1,2) en oración y súplica se hizo realidad la bendita promesa.

                ¿Cuál fue la clave? Lograron entender que debían estar unánimes; o sea, compañerismo cristiano. Ya no había disputas, pleitos, envidias. Cuando lo lograron, pudieron orar y orar para recibir el poder del Espíritu Santo.

                Este poder, es lo que es en griego dúnamis, que significa “fuerza”, “capacidad”,poder”. El dúnamis tiene relación con la palabra dinamita. ¡Qué poder! Si hiciéramos uso de ese poder que Dios está dispuesto a dar habría una explosión en el corazón de los que recibiesen este mensaje por parte de discípulos renovados por el poder de Dios.

                Este poder es para testifican, lo cual proporciona, (1°) poder interior, (2°) poder para proclamar el Evangelio, (3°) poder para llevar a otros a Dios.  Por medio de sus discípulos, llenos de este poder, Jesús continuará la obra que había comenzado en la tierra, y se harían obras aún mayores (ver Juan 14:12).

 

 

ME SERÉIS TESTIGOS

                Testigos es aquel que corrobora o puede ratificar lo que él mismo ha visto u oído, o sabido de cualquier otra manera.  

                Como “testigos”, los apóstoles sabían que Jesús era el Mesías de la profecía y el Redentor de la humanidad. También podían dar testimonio de su promesa de volver. Como testigos, los discípulos fueron el primer y más importante eslabón de evidencia visible entre el Señor crucificado, resucitado y ascendido, y el mundo; el cual, por medio del testimonio de ellos, podría llegar a creer.  Juan escribió: "Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos" (1 Juan 1:3). 

                A los seguidores de Cristo también se les pide hoy que den un testimonio personal de las obras y enseñanzas de Jesús, del propósito de Dios de salvar al mundo por medio de su Hijo, y de la eficacia del Evangelio en su propio corazón.  No puede darse un testimonio más convincente. Sin una experiencia personal no puede haber un verdadero testimonio cristiano

                Dios espera que seas testigo, que digas y hagas lo que él ha hecho en tu vida.

 

  1. Ser testigos en Jerusalén: El plan divino era que el pueblo escogido tuviera la primera oportunidad de beneficiarse con el ministerio de los apóstoles.  Durante ese breve período, miles de judíos creyeron (ver Hechos 2: 41, 47; 4: 4, 32-33; 5: 14; 6: 1, 7)
  2. Ser testigos en toda Judea: O sea, predicaran el evangelio no solo en la ciudad sino en toda la provincia de Jerusalén.
  3. Ser testigos en Samaria: Los samaritanos eran un pueblo mezclado, siempre enemistados con los judíos. Pero, después del apedreamiento de Esteban, recibieron en primer lugar la visita del diácono Felipe (ver Hechos 6: 5; 8: 5), después la de Pedro y de Juan, quienes fueron a ayudar a Felipe (ver Hechos 8: 14).  Hubo una buena cosecha de almas en Samaria.
  4. Ser testigos hasta lo último de la tierra: Los discípulos debían ir "por todo el mundo" (Mar. 16: 15), "a todas las naciones" (Mat. 24: 14). 

 

                La obra mundial del evangelio lo comenzaron representantes del evangelio esparcidos en diferentes lugares, quienes predicaron a los judíos de Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria (ver Hechos 8: 4; 11: 19), y Saulo de Tarso en Siria y Cilicia (ver Hechos 9: 15, 30; 11: 25; Gál. 1: 21, 23). Poco después se extendió gracias a los extraordinarios viajes misioneros de Pablo (ver Hechos 13 a 28). 

 

 

APLICACIÓN

                La primera aplicación tiene que ver conmigo, o sea con usted. El evangelio a quien tiene que alcanzar primeramente es a usted. Si este evangelio va a comenzar a hacer cambios en  su vida, entonces le va a llevar a la unidad con los demás miembros de su iglesia, y a una vida de oración y consagración. Se van a crear las condiciones espirituales para que el Espíritu Santo descienda y llene su vida de él. Es recién ahora cuando comenzará a darse en otros, a través de usted.

                Segundo, la predicación del evangelio de Jesús al ser dada en “Jerusalén” es que tiene que comenzar entre los suyos, los cercanos, los que están en su radio de acción. Ese es su “Jerusalén”.

                Tercero, Judea es la iglesia. Es la que necesita recibir un mensaje claro y preciso de las verdades del Señor.

                Cuarto, Samaria, es su comunidad. Es el lugar donde viven sus amigos, sus vecinos. A ellos, es necesario entregarles el evangelio.

Quinto, se debe dar en los confines de la tierra. Es el mundo donde vives.

               

CONCLUSION

                Elena de White escribió: “Así como los discípulos salieron para proclamar el Evangelio, llenos con el poder del Espíritu, también los siervos de Dios deben salir hoy.  A nuestro alrededor hay campos blancos para la siega.  Esos campos deben cosecharse.  Debemos llevar la Palabra, llenos con un abnegado deseo de proclamar el mensaje de misericordia a los que están en las tinieblas del error y la incredulidad... El Señor Dios ha hecho la promesa eterna de proporcionar poder y gracia a todos los que están santificados mediante la obediencia a la verdad.  Jesucristo, a quien se le dio todo el poder en el cielo y en la tierra, se une en simpatía con sus instrumentos, las almas sinceras que día a día participan del pan viviente "que descendió del cielo"  (Juan 6: 33).  La iglesia en la tierra, unida con la iglesia en el cielo, puede realizar todas las cosas” (Manuscrito 62, 1902).

                La comisión dada a los discípulos nos es dada también a nosotros.  Hoy como ayer, el Salvador crucificado y resucitado debe ser exaltado delante de los que están sin Dios y sin esperanza en el mundo.  El Señor llama a pastores, maestros y evangelistas.  De puerta en puerta han de proclamar sus siervos el mensaje de la salvación.  Las nuevas del perdón por Cristo han de ser comunicadas a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

 

 

LLAMADO

                Si todos y cada uno de nosotros lograra trabajar siguiendo esta estrategia del Señor, ¡Cuán grandes pasos podríamos dar! Las buenas nuevas de salvación llegarían desde las personas que están cerca de nosotros hasta aquellas que están a cientos de kilómetros de distancia. Mi apreciado hermano(a) hoy te invito a que ocupes el lugar que Dios tiene para ti en su viña. Tú solo debes decirle “Heme aquí”. ¿Quieres decir usted heme aquí? ¡Le invito a que de testimonio público de este compromiso poniéndose de pie! Vamos a orar al Señor (Haga una oración de compromiso en el evangelio y de ser usado por el Espíritu Santo)

 

 

PR. JOSE LUIS OJEDA CERECEDA

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